Túneles excavados en la roca en una de las secciones más angostas de la garganta del Cares

La popular Ruta del Cares, conocida como “La Garganta Divina”, recorre uno de los parajes más sobrecogedores, vertiginosos y espectaculares del Parque Nacional de Picos de Europa. Una gran aventura que también podemos vivir en familia.

Edad recomendada

A partir de
5-6 años

Dificultad media

Dificultad
Media

Distancia

Distancia
5 km

Desnivel positivo

Desnivel
100+ / 100-

Recorrido ida y vuelta

Recorrido
Ida y vuelta

Cómo llegar


Desde Posada de Valdeón y siguiendo las indicaciones hacia Caín tomaremos la carretera que paralela al río Cares recorre 9 km hasta llegar al pequeño y encantador pueblo de Caín de Valdeón. La carretera está en buen estado pero en ocasiones es algo estrecha por lo que deberemos tener algo de paciencia. Caín cuenta con restaurantes y bares y en las épocas de máxima afluencia se habilitan algunos terrenos particulares como zonas de aparcamiento en los que se cobran unos 3€ por todo el día.

En caso de realizar la ruta completa hasta Poncebos existen empresas privadas que gestionan el retorno por carretera. Un trayecto de unos 100 km que dura algo más de 2 horas.

 

Descripción


La popular Ruta del Cares recorre durante cerca de 12 km (sólo ida) el impresionante desfiladero excavada por el río Cares desde la localidad castellano leonesa de Caín hasta la asturiana Poncebos, cruzando de lado a lado el Parque Nacional de los Picos de Europa. Aunque la ruta discurre por un terreno sencillo con desniveles moderados, el recorrido total es, por lo general, demasiado largo para niños con edades por debajo de los 8-9 años, y todo esto teniendo en cuenta que el regreso al punto de partida lo realizaremos por carretera con un vehículo de apoyo o mediante los servicios de una empresa, y no por el mismo camino que a la ida.

Nuestra propuesta parte de Caín y realiza el primer tramo de la Ruta del Cares hasta el puente de Bolin, que es al mismo tiempo el más espectacular y el que menos desnivel acumula del recorrido, permitiendo disfrutar de lo mejor de la Ruta del Cares en familia.

La ruta no tiene pérdida posible y se encuentra señalizada en su totalidad con las marcas blancas y amarillas del PR-PNPE-3. Desde Caín y siguiendo las aguas del río por su margen orográfica izquierda dejaremos atrás las casas del pueblo para inmediatamente cruzar el río por una pequeña pasarela (Puente de los Pinteros) para dirigirnos hacia una pequeña presa que marca el inicio del tramo más espectacular de la ruta. Llevamos recorrido apenas 500 metros y con la ayuda de una nueva y breve pasarela situada sobre la presa cruzaremos el río para adentrarnos en una  sucesión de túneles que se abren paso a través de las estrechas paredes verticales de la garganta, por la que puntualmente se descuelgan pequeñas cascadas. Este es el único tramo que se encuentra protegido con barandillas de todo el recorrido. No obstante hay que prestar atención al suelo, que debido a la constante humedad es algo resbaladizo; y a la altura del techo de los túneles, que especialmente a los adultos les hará tener que ir agachados. Este tramo no es posible realizarlo con una mochila portabebés, no obstante, al no ser muy largo, unos 350 m, siempre podremos descargar al niño en este punto y continuar con la mochila una vez superado este primer tramo.

Aunque no es necesario, no es mala idea llevar una linterna para pasar por los túneles. A los niños les encanta.

Nada más salir del tramo de túneles el desfiladero se abre un poco, permitiéndonos ver el paisaje de enormes picos rocosos recortados en el cielo que serán nuestra compañía durante el resto de la ruta.

A nuestra derecha observaremos como desembarca el Canal de Dobresengos en el río Cares, que en este punto se encuentra a unos pocos metros debajo de nosotros. Si lo deseamos podremos tomar una pequeña senda que de inmediato y con la ayuda de un pequeño puente de piedra cruza el río hasta el arranque del canal, donde hay una pequeña cabaña de piedra, y acercarnos a la orilla del Cares, siempre y cuando el nivel de las aguas lo permita. Este es un excelente lugar donde descansar, relajarse y refrescarse tanto a la ida como a la vuelta en su pequeña playa natural. Cerca también encontraremos una pequeña poza.

A partir de este punto la senda del Cares comienza a coger altura de forma moderada e iremos dejando cada vez más abajo las aguas del río, avanzando por un camino de apenas 2 metros de ancho y sin protección que requiere de un acompañamiento constante a los más pequeños. El camino es sencillo y no presenta ninguna dificultad técnica, no obstante el gran vacío junto al que avanzamos hace imprescindible que los niños vayan en todo momento cogidos de la mano y hacia el lado de la pared, valorando en su justa medida los peligros objetivos y las capacidades y comportamiento de cada niño que son, en definitiva, más allá de una edad recomendada, lo que deberían marcar la idoneidad para realizar la ruta.

El entorno es espectacular. A las grandes montañas rocosas se le une una variada vegetación de sauces, madroños, hayas, higueras, robles o encinas, que como suspendidas en el aire tapizan las laderas de la garganta.

Con el precipicio a nuestra derecha, iremos atravesando pequeños túneles excavados en la roca, avanzando en algunos momentos junto a una canalización de agua. En esta canalización, construida entre 1915 y 1921 por la Compañía Eléctrica del Viesgo para el aprovechamiento hidroeléctrico del río Cares, está el origen de la apertura de la Ruta del Cares, cuya construcción en 1945 tenía como objeto el mantenimiento del canal. El agua que discurre por la canalización pueden servirnos para refrescarnos, pero no es potable.

Recorrido aproximadamente 1 km desde la primera zona de túneles alcanzaremos uno de los hitos de la Ruta, el Puente de los Rebecos. Una característica estructura metálica que nos permite cruzar una vez más la garganta en uno de los puntos más estrechos y verticales de todo su recorrido. Junto al puente, antes de cruzarlo encontraremos una pequeño zona llana protegida por una gran oquedad, conocida como La Cuevona, que nos permite al fin un poco más de espacio para descansar.

Tras cruzar el Puente de los Rebecos la garganta se estrecha de nuevo. Un enorme corte en la montaña en el que como pequeñas hormigas iremos avanzando sin apenas esfuerzo por el camino esculpido en la pared y donde de nuevo deberemos prestar en todo momento atención a los más pequeños. Enseguida llegaremos a una nueva pasarela, el Puente de Bolín, que cruza el río que se pierde a nuestros pies al fondo del precipicio.

El puente de Bolín marca un nuevo punto de inflexión, a partir del cual la garganta poco a poco va abriéndose más y más. Es en este punto, una vez recorrida la parte más espectacular de la ruta del Cares, donde planteamos el final de nuestro recorrido por la Senda del Cares.

Los más andarines pueden continuar hasta la Majada de Culiembro, que marca la mitad del recorrido entre Caín y Poncebos. Una pequeña explanada donde poder descansar que se encuentra situada a unos 3,5 km del Puente de Bolín.

Desde el Puente de Bolín tan solo nos restará desandar el camino para regresar a Caín, donde podremos remojarnos los pies a la orilla del río para finalizar esta vertiginosa aventura en familia.

Desde Poncebos


La opción de comenzar la ruta desde la población asturiana de Poncebos tiene como desventaja el fuerte ascenso inicial, el comprendido entre Poncebos y el alto de Collados. Un recorrido de unos 2 km en el que se ascienden más de 200 m. Una vez llegados al alto de Collados el recorrido comienza a ganar en vistosidad, pero el obstáculo inicial puede llegar a ser un impedimento para los más pequeños.

 

Recomendaciones


La ruta no presenta ninguna dificultad técnica pero avanza en todo momento junto a grandes cortados sin protección o barreras, por una senda de apenas 2 metros de ancho. Es importante llevar en todo momento a los niños de la mano y hacia el lado de la pared.

Si sufrís de vértigo propio o ajeno… esta no es vuestra ruta. No solo pasaréis una mala experiencia sino que acabaréis transmitiendo vuestro miedo e inseguridad a los más pequeños.

En época estival, y especialmente los fines de semana, la afluencia a la Ruta del Cares se multiplica. Si es posible, es recomendable evitar estas fechas, especialmente si vamos con niños, ya que continuamente estaremos cruzándonos con gente.

La mejor época para realizar la Ruta del Cares es entre abril y septiembre

Junto al río, por el fondo del valle, discurre otra senda. Es muy importante avisar a los más pequeños que no deben arrojar piedras al vacío ya que podrían provocar un accidente.

Durante el recorrido es muy probable que nos encontremos con cabras pastando alegremente a la vera del camino. Debemos evitar la tentación de darles de comer. Puede desequilibrar su dieta y ocasionarles graves problemas de salud. Es importante ser respetuosos con el entorno y dar ejemplo a nuestros hijos.

A lo largo de todo el recorrido no hay ningún lugar donde abastecerse de agua. Es muy importante llevar suficientes provisiones de agua. Dentro del desfiladero, y especialmente en época estival, las temperaturas pueden ser elevadas.

En la carretera camino de Caín, junto al acceso al Parque Nacional de Picos de Europa, encontraremos un puesto de información. Es recomendable informarse del estado de la ruta y las previsiones meteorológicas.

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Cartel al inicio de la ruta desde Cain

Cartel al inicio de la ruta desde Cain

Puente de los Pinteros y primeras casas de Cain

Puente de los Pinteros con las últimas casas de Cain al fondo

Inicio de la Ruta del Cares desde Cain

Inicio de la Ruta del Cares desde Cain

Inicio de la Ruta del Cares desde Cain

Inicio de la Ruta del Cares desde Cain

Inicio de la Ruta del Cares desde Cain

Inicio de la Ruta del Cares desde Cain

Túneles excavados en la roca cerca de Caín

Túneles excavados en la roca cerca de Caín

Pequeña cascada sobre los túneles al inicio de la ruta desde Cain

Pequeña cascada sobre los túneles al inicio de la ruta desde Cain

Pequeña playa junto al Canal de Dobresengos

Pequeña playa junto al Canal de Dobresengos

Canal de Dobresengos

Canal de Dobresengos

Túnel en la Ruta del Cares

Túnel en la Ruta del Cares

Puente de los Rebecos desde La cueva de Trea

Puente de los Rebecos desde la Cueva de Trea

Cruzando el Puente de los Rebecos

Cruzando el Puente de los Rebecos

Camino excavado en la montaña junto al Puente de los Rebecos

Camino excavado en la montaña junto al Puente de los Rebecos

Puente de Bolín

Puente de Bolín

Ruta del Cares

Ruta del Cares

Ruta del Cares

Ruta del Cares

El camino avanza en todo momento junto a grandes cortados

El camino avanza en todo momento junto a grandes cortados

Uno de las decenas de túneles excavados en la montaña por los que pasa la Ruta del Cares

Uno de los túneles excavados en la montaña por los que pasa la Ruta del Cares

Un pequeño alto en el camino sobre las ruinas de una antigua construcción

Un pequeño alto en el camino sobre las ruinas de una antigua construcción

Una cabra curiosa en la Ruta del Cares

Una cabra curiosa en la Ruta del Cares

Las impresionantes paredes verticales de la garganta del Cares

Las impresionantes paredes verticales de la garganta del Cares

Mapa

    Para visualizar el mapa en grande pulsa AQUÍ

    Nota: Las edades propuestas en cada ruta están basadas en la distancia, el desnivel y la dificultad (baja, media o alta) que el terreno tiene para un niño. La capacidad psicomotriz puede variar notablemente de un niño a otro, por lo que hay que entender estas recomendaciones como una referencia. Serán las capacidades de cada niño las que marquen en último lugar la idoneidad de una ruta.

     

    Rutas con niños pirineo aragones

    Rutas con niños en el Pirineo aragonés


    En las páginas de esta guía encontrarás una cuidada selección de rutas que te permitirán descubrir algunos de los parajes más sorprendentes y accesibles del Pirineo y prepirineo aragonés en compañía de los más pequeños de la casa. Excursiones sencillas para toda la familia con las que descubrir los extraordinarios tesoros paisajísticos y culturales de estas tierras: ibones, dólmenes milenarios, bosques, cascadas, cañones, ríos, ruinas, ermitas, cuevas, pequeñas aldeas, manantiales… y que permiten explorar la fascinante fauna y flora que habitan sus montañas. Pequeñas aventuras que gracias a multitud de recomendaciones, curiosidades, consejos, juegos, actividades y datos útiles que encontrarás en este completo manual podrás convertir en una gran escuela al aire libre.

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